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Este 2017, que ya está por finalizar, posiblemente quedará en el recuerdo por sus decepcionantes resultados con respecto a las expectativas que se tenían. Los pronósticos iniciales daban un crecimiento del PIB cercano al 3%, sin embargo, y en el mejor de los casos, se podría esperar un cierre aproximado de 1,8% (los datos oficiales se conocerán a principios del primer trimestre de 2018).

Este panorama se desarrolla debido a algunas implicaciones negativas tanto económicas como sociales, entre las que se pueden observar en primer lugar el deterioro de la confianza de los consumidores (-10,6% en octubre), producto de una reforma tributaria que incrementó el IVA en 3 puntos básicos y disminuyó el ingreso disponible de la población. En segunda instancia, el desempleo, que se incrementó  en los primeros nueve meses del 2017 en 50 puntos básicos, al pasar de 8.7% en diciembre de 2016 a 9.2% en septiembre 2017.

Así mismo, los sonados casos de corrupción como el de Odebrecht, frenaron muchos proyectos de infraestructura que el Gobierno Nacional consideraba vitales para el crecimiento económico del país; y por último, la perspectiva económica del se ha tornado más oscura con respecto a la dura crisis por la que atraviesa el sector de la salud en Colombia. Una crisis a la que no sólo se le suma los altos déficit financieros, sino también el deterioro en la atención a los pacientes y las condiciones desfavorables de los trabajadores, evidentes en el atraso en salarios, la falta de insumos y sobrecarga laboral. Las cifras hacen aún más preocupante este panorama, pues la deuda de las EPS con clínicas y hospitales ascendía en octubre de 2017 a $8,2 billones aproximadamente, con una cartera vencida del 60,2%.

Lo anterior, golpea de manera directa el bolsillo de los hogares colombianos, llevando a incumplir con sus obligaciones financieras, y afectando el deterioro de los indicadores de cartera del sector financiero, principalmente la vencida, la cual se ubica en septiembre de 2017 con un saldo de $23,38 billones, lo que representa un 5,6% del total de la cartera que posee el sector. Este resultado representó un incremento de 90 puntos básicos frente a 4,7% de hace un año y no se veía desde la crisis financiera de finales 90.

En este escenario, los buenos hábitos de consumo toman un papel determinante para afrontar situaciones que pongan en riesgo la estabilidad económica de cada persona; es así, como el tener una buena planificación de ingresos y de gastos puede ser la clave para evitar caer en situaciones no deseadas como el incumplimiento en el pago de obligaciones, que puede derivar en procesos de demanda, afectando no solo el patrimonio personal y familiar del deudor, el cual en muchos casos se ha construido a lo largo de la vida, sino también su historial crediticio. De esta manera, la persona pierde credibilidad ante el sistema financiero y demás entidades que exijan un buen comportamiento bancario como requisito para acceder a ciertos procesos como la búsqueda de empleo.

Frente a estas situaciones algunas personas han optado por acogerse  a mecanismos como la Ley de Insolvencia Económica, que si bien busca aliviar un poco la coyuntura, puede resultar ser un proceso desgastante debido a que implica sustentar ante las autoridades competentes hechos que deben ser plenamente comprobables. Adicionalmente, hay que tener en cuenta que si se descubre algún tipo de fraude, como lo es suministrar datos falsos o incompletos, documentos falsificados o fingir separación de bienes con el cónyuge, se podría calificar como delito financiero, y acarrear sanciones económicas e incluso privativas de la libertad.

Para concluir, tenga en cuenta que llevar un estilo de vida ordenado en las finanzas le permitirá estar más tranquilo en cuanto a temas económicos, y para lograrlo es necesario ser disciplinado y realizar un presupuesto, en donde se aborden las necesidades básicas, y se clasifiquen los gastos asociados con gustos y mejoramiento de vida en el corto y largo plazo. Además, es importante que sea moderado en el endeudamiento y no se comprometa con obligaciones que excedan la capacidad de pago, pero sobre todo, destinar un porcentaje de sus ingresos al ahorro, ya que esto le permitirá sortear de la manera más efectiva los imprevistos y cambios en la estabilidad financiera y evitarse “dolores de cabeza”.

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