Hace pocos días recibí una llamada de un colega que me preguntaba por un nuevo medicamento que se promocionaba para sedación en procedimientos ambulatorios realizados por no anestesiólogos. Por su nombre, asumí que se trataba de un anestésico inhalado. Al revisar rápidamente la literatura, encontré que se trataba de un fármaco que había sido retirado hace décadas por toxicidad renal y hepática, y que ahora volvía al mercado con una nueva formulación y un enfoque diferente. Este hecho me llevó a reflexionar sobre los riesgos de olvidar la historia farmacológica y ética detrás de los medicamentos que regresan con nuevas indicaciones. Lee más aquí.